Estrategias de participación ciudadana en la gestión de la movilidad y el transporte: la Universidad Autónoma de Barcelona

 

Estrategias de participación ciudadana en la gestión de la movilidad y el transporte:
la Universidad Autónoma de Barcelona

 

Introducción

En las últimas décadas, la movilidad y el transporte han dejado de ser temas exclusivamente técnicos para convertirse en campos donde se disputan derechos, modelos de ciudad y calidad de vida. Planificar cómo nos movemos implica decidir quién puede acceder al territorio, con qué costes y bajo qué riesgos ambientales y sociales. En este contexto, la participación ciudadana ya no es un “adicional” deseable, sino una condición para legitimar y hacer más efectivas las políticas de movilidad.

El caso de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) resulta especialmente interesante porque su campus de Bellaterra funciona como una verdadera “ciudad universitaria” periférica, que genera alrededor de 220.000 desplazamientos diarios entre comunidad universitaria y población externa (Pla de Mobilitat UAB, s. f.)  Esta intensidad de viajes obliga a combinar gestión técnica con mecanismos de participación de estudiantes, personal docente, administrativos y otros actores. El presente ensayo analiza las estrategias de participación ciudadana en movilidad y transporte, tomando la UAB como ejemplo de laboratorio territorial donde se cruzan gobernanza universitaria, políticas metropolitanas y cultura participativa.

1. Marco conceptual: participación ciudadana y movilidad

La literatura clásica sobre participación ciudadana ha subrayado que no toda participación es equivalente. Arnstein (1969) propuso la conocida “escalera de la participación”, donde distingue desde niveles de manipulación y consulta simbólica hasta formas de poder ciudadano real como la cogestión y el control comunitario. Esta perspectiva es útil para evaluar hasta qué punto los mecanismos participativos en movilidad permiten incidir de verdad en las decisiones, o se limitan a recopilar opiniones sin consecuencias vinculantes.

En el campo de la planificación de la movilidad, diversos marcos normativos europeos —como la Llei de mobilitat de Catalunya— han incorporado explícitamente la participación ciudadana como requisito en los planes de movilidad urbana, reconociendo que la complejidad de los conflictos de tráfico y uso del espacio público exige procesos deliberativos más abiertos (Universitat Politècnica de Catalunya [UPC], s. f.). Esto implica que los planes de movilidad, incluidos los de campus universitarios, deben pasar de un modelo tecnocrático (experto decide, ciudadanía obedece) a otro donde el conocimiento experto se combine con la experiencia cotidiana de quienes se desplazan.

En este marco, la UAB es un caso paradigmático: su Pla de Mobilitat no sólo fija objetivos técnicos (reducción del uso del automóvil privado, mejora de la accesibilidad ferroviaria, fomento de la bicicleta), sino que incorpora como objetivo explícito el fomento de la participación de la comunidad universitaria en temas de movilidad y accesibilidad (Pla de Mobilitat UAB, s. f.) 

2. La UAB como “microciudad” y laboratorio de movilidad sostenible

El campus de Bellaterra se ubica en un entorno suburbano bien conectado con el sistema regional de transporte, pero alejado del centro de Barcelona. Esta localización periférica genera una fuerte dependencia de los modos motorizados y plantea retos considerables para avanzar hacia un modelo de movilidad sostenible (Maciejewska & Miralles-Guasch, 2019) 

El Pla de Mobilitat de la UAB se concibe como el documento básico de planificación para definir las estrategias de movilidad sostenible de la universidad, con un horizonte de seis años (UAB, 2018; UAB, s. f.-a). Entre sus objetivos se incluyen:

  • aumentar la cuota del transporte público y los modos activos,
  • reducir el uso del vehículo privado,
  • mejorar la accesibilidad para personas con movilidad reducida,
  • articular la movilidad interna del campus con los flujos metropolitanos.

Estos objetivos no se plantean sólo desde la ingeniería del transporte, sino también desde la gobernanza participativa: se reconoce que las decisiones sobre horarios, conexiones, recorridos internos, aparcamientos o infraestructuras ciclistas afectan directamente a la vida cotidiana de miles de personas y, por tanto, deben ser discutidas con ellas.

3. Estrategias de participación ciudadana en la gestión de la movilidad en la UAB

3.1. La Mesa de Movilidad de la UAB

Uno de los dispositivos centrales de participación es la Taula de la Mobilitat de la UAB (Mesa de Movilidad), concebida como espacio permanente donde se sientan representantes de la universidad, administraciones competentes en transporte, empresas operadoras y comunidad universitaria. La propia documentación del Plan de Movilidad plantea la necesidad de dar continuidad a esta Mesa como mecanismo para coordinar actuaciones y canalizar la participación de los distintos agentes involucrados (Pla de Mobilitat UAB, s. f.) 

Desde la perspectiva de la escalera de Arnstein (1969), la Mesa puede interpretarse como un nivel intermedio entre la consulta y la cogestión: no otorga control directo a los usuarios, pero sí abre un canal estable de deliberación, seguimiento de medidas y co-diseño de propuestas. Su continuidad en el tiempo es clave para evitar que la participación se reduzca a procesos puntuales asociados únicamente a la aprobación del Plan.

3.2. Grupos de usuarios por modo de transporte

El Pla de Mobilitat propone, además, crear grupos de usuarios de los diferentes modos de transporte sostenibles: peatones, ciclistas, usuarios de transporte público y del coche compartido (Pla de Mobilitat UAB, s. f.). Esta estrategia reconoce que las necesidades, conflictos y prioridades no son homogéneos; cada grupo vive la movilidad de forma distinta.

Estos grupos permiten:

  • visibilizar colectivos tradicionalmente ignorados (por ejemplo, quienes se desplazan a pie o en bicicleta),
  • detectar conflictos cotidianos que no aparecen en las estadísticas (puntos inseguros, tramos sin iluminación, falta de aparcamientos seguros),
  • generar propuestas específicas (rutas seguras, campañas de sensibilización, mejoras micro-espaciales).

Aunque la capacidad formal de decisión de estos grupos es limitada, su existencia aumenta la densidad participativa y refuerza una cultura de corresponsabilidad sobre la movilidad del campus.

3.3. Encuestas periódicas de movilidad a la comunidad universitaria

Otra pieza clave son las encuestas de hábitos de movilidad dirigidas a toda la comunidad. En 2023, una encuesta contestada por 4.495 personas mostró que el 67 % de la comunidad utilizaba el transporte público para llegar al campus —el valor más alto desde 2001—, mientras que el vehículo privado descendía al 27,5 %, el mínimo del periodo analizado (UAB, 2023). Estos resultados no sólo sirven para evaluar el impacto de las políticas, sino también como mecanismo de participación consultiva: preguntar a la comunidad es reconocerla como fuente de conocimiento.

En 2025, la UAB lanzó una nueva encuesta de movilidad accesible por ordenador o dispositivo móvil, incentivando la participación con sorteos de vales de la BiciUAB y abonos gratuitos de transporte público (UAB, 2025). Esta combinación de consulta digital e incentivos evidencia una estrategia consciente para aumentar la tasa de respuesta y, con ella, la representatividad de los datos.

3.4. Comunicación, sensibilización e incentivos

Además de los instrumentos formales, la UAB mantiene un portal específico de Mobility and Transport, desde el cual informa sobre opciones de acceso, promueve la conciencia hacia un modelo “más sostenible, seguro y justo” y difunde campañas relacionadas con la movilidad (UAB, s. f.-b). Estas acciones de comunicación forman parte de una estrategia de participación más blanda, orientada a:

  • hacer visibles las alternativas sostenibles disponibles,
  • legitimar las medidas restrictivas (por ejemplo, control de aparcamiento) al enmarcarlas en un relato de sostenibilidad,
  • construir una identidad colectiva vinculada a la movilidad responsable.

La participación, en este sentido, no se limita a asistir a reuniones o responder encuestas: también implica adherirse voluntariamente a nuevos hábitos de desplazamiento en respuesta a campañas institucionales y al clima cultural del campus.

4. Análisis crítico: alcances y limitaciones

Las estrategias de participación de la UAB muestran resultados tangibles, como el incremento sostenido del uso del transporte público y la disminución del vehículo privado (UAB, 2023). La combinación de Mesa de Movilidad, grupos de usuarios, encuestas periódicas y campañas de sensibilización permite articular distintos niveles de la escalera de participación: desde la mera información hasta formas de concertación más avanzadas.

Sin embargo, también existen limitaciones importantes:

  1. Riesgo de “participación consultiva”
    Gran parte de los mecanismos se sitúan en los peldaños intermedios de la escalera de Arnstein (1969): informan, consultan, recogen opiniones, pero no siempre garantizan que las decisiones finales reflejen las preferencias de los grupos menos influyentes, como estudiantes con horarios más precarios, trabajadores subcontratados o personas con movilidad reducida.
  2. Representatividad y brecha digital
    Aunque las encuestas alcanzan muestras significativas, siguen siendo instrumentos voluntarios y digitales. Es probable que determinados perfiles (personas mayores, estudiantes con menos conexión, turnos nocturnos) estén infrarrepresentados, lo que puede sesgar el diagnóstico y las soluciones propuestas.
  3. Condiciones estructurales del entorno
    La ubicación periférica del campus y la dependencia de operadores externos (Ferrocarrils de la Generalitat, autobuses interurbanos) limitan el margen de maniobra de la UAB. Muchas decisiones de fondo —frecuencias de tren, tarifas integradas, nuevas líneas— escapan al control directo de la universidad, lo que puede reducir la percepción de eficacia de la participación.
  4. Desafíos de continuidad institucional
    Mantener activa la Mesa de Movilidad, los grupos de usuarios y las campañas exige recursos humanos, tiempo y voluntad política. Cambios en los equipos de gobierno universitario o en las prioridades estratégicas pueden debilitar los procesos participativos o relegarlos a un plano simbólico.

A pesar de estas limitaciones, la UAB ofrece un ejemplo valioso de cómo una institución puede tomarse en serio la participación en movilidad, ir más allá del cumplimiento formal de la norma y vincularla a objetivos medibles de sostenibilidad. 

Conclusiones

La gestión de la movilidad y el transporte en contextos urbanos y periurbanos complejos requiere hoy tanto de conocimiento técnico como de inteligencia colectiva. El caso de la Universidad Autónoma de Barcelona muestra que es posible articular estrategias de participación ciudadana que combinen órganos de deliberación (Mesa de Movilidad), grupos de usuarios específicos, encuestas periódicas y campañas de sensibilización apoyadas en incentivos.

Desde la perspectiva de la teoría de la participación, la UAB se sitúa en un punto intermedio de la escalera de Arnstein: supera la simple información y la consulta puntual, pero aún tiene margen para avanzar hacia formas más fuertes de cogestión y corresponsabilidad en la toma de decisiones. La evidencia empírica —incremento del uso del transporte público y descenso del vehículo privado— sugiere que estos dispositivos participativos, cuando se combinan con instrumentos de planificación y políticas coherentes, contribuyen efectivamente a transformar los patrones de movilidad.

Para otras universidades y ciudades que busquen avanzar hacia modelos de movilidad sostenible, el ejemplo de la UAB deja al menos tres lecciones:

  1. la participación debe integrarse desde el diseño del plan, no añadirse al final como trámite;
  2. es necesario diversificar los canales participativos para incorporar voces y experiencias diversas;
  3. los resultados deben ser medibles y comunicados a la comunidad, reforzando la idea de que participar “sirve para algo”.

En síntesis, la experiencia de la UAB confirma que la participación ciudadana en movilidad no es sólo una exigencia normativa, sino una oportunidad para construir sistemas de transporte más eficientes, más justos y más acordes con las expectativas de quienes los usan diariamente.

  

Referencias (formato APA 7)

Arnstein, S. R. (1969). A ladder of citizen participation. Journal of the American Institute of Planners, 35(4), 216–224.

Maciejewska, M., & Miralles-Guasch, C. (2019). UAB Mobility Plan 2018–2024 

Pla de Mobilitat de la Universitat Autònoma de Barcelona. Campus de Bellaterra. Objectius i escenaris de mobilitat. (s. f.). Universitat Autònoma de Barcelona 

Universitat Autònoma de Barcelona. (2018). Pla de Mobilitat del Campus de Bellaterra de la UAB 2018–2024 

Universitat Autònoma de Barcelona. (2023, 13 de junio). Numbers reach 20-year high as use of public transport increases to travel to the UAB 

Universitat Autònoma de Barcelona. (2025, 14 de mayo). Participate in the UAB Mobility Service 

Universitat Autònoma de Barcelona. (s. f.-a). Pla de Mobilitat – Mobilitat i transports 

Universitat Autònoma de Barcelona. (s. f.-b). Mobility and transport – UAB Barcelona 

Universitat Politècnica de Catalunya. (s. f.). La mobilitat sostenible i la UPC 

 

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